Despedirse
Primer encuentro del día. Hace tiempo viene elaborándose un duelo. De pronto, el silencio. Un silencio largo. Me mira y pregunta: ¿Puedo darte algo? Me quedé pensando qué se puede “dar” estando a miles de kilómetros. Pensé en una carta, una foto, algo simbólico. Pero no. Sacó una urna. Una urna real, con cenizas. “Es mi papá. Hoy se cumplen diez años de su muerte. Nadie quiso acompañarme. Pero sentí que vos sí podías sostener esto conmigo”. La dejó sobre la mesa, al lado del teléfono desde el que transcurría la videollamada. No lloró. Pero en ese silencio compartido hubo algo que no se puede explicar con palabras. A veces el trabajo analítico es así: íntimo, delicado, sagrado. Te atraviesa de una forma imposible de olvidar. No siempre se trata de algo que “haya que trabajar”. A veces, se trata simplemente de poder acompañar. Y eso también es parte de este oficio.
Aclaración Los textos publicados en este espacio son escrituras de carácter clínico-literario, construidas a partir de la práctica profesional, pero no refieren a pacientes reales ni a situaciones identificables. Los relatos son ficcionales, producto de elaboraciones, condensaciones y desplazamientos, y tienen como único fin la reflexión y transmisión de una experiencia clínica. En ningún caso constituyen material de sesiones reales ni reemplazan una consulta o tratamiento psicológico.